Carlos Glera

Carlos Glera Castillo
Logroño, 1966

Dios hizo el mundo y, si bien debía tener alguna forma definida, esta resultaba inescrutable para sus criaturas. Indiviso e inabarcable, las formas emergían y se transformaban a cada instante. El hombre, desconcertado por tal vorágine, decidió encapsular pequeños bocados de realidad en envases rígidos, limitados y acotados, pero manejables. E inventó las ideas. Este nuevo artilugio permitía definir la idea “hoja”, e incluir en ella todas las infinitas e irrepetibles formas de “hojas” que ha habido, hay y habrá. Y así dividió y paralizó el mundo. No satisfecho por ello, comenzó a modelar formas que correspondían con ideas que no tenían un fácil reflejo en la realidad. Y así hizo plazas redondas, edificios cúbicos...

Y se enamoró de esas ideas, y llamó belleza al equilibrio entre dos partes, lo reconocible de una forma, la evidencia de la simetría. A pesar de estar de acuerdo en lo incuestionable de tal belleza, no todos estamos dotados para sacar esos atributos de la morfología que se manifiesta en el paisaje urbano. Carlos Glera es, sin duda, un cirujano de lo evidente. Sus fotos extirpan la geometría, la simetría y el equilibrio de paisajes imposibles, pareciendo que siempre estuvieron allí, perennes e impasibles. Su ojo disecciona y discrimina elementos para que, a la postre, encerrados en los cuatro lados de una foto, se manifiesten acordes, concordados y atados, sin que uno de ellos litigue por el protagonismo de sus allegados.

Dios no hizo nada recto, pero fotocaptado por Carlos, si no es recto... ¡lo parece!

Gonzo Suárez





Esta página ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de mis compañeros de Nueva Imagen, Francis González y José Mª Baquero.

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