
Suburbial, sórdido, marginal… Son adjetivos que podrían definir de un modo negativo lo que conocemos como el mundo del boxeo. Eso que quizás relacionamos, indefectible e infundadamente, con personas sin muchos recursos que luchan con sus puños para labrarse un futuro mejor, algo que en numerosas ocasiones ha sido descrito en la literatura y retratado en películas del género negro. Es un deporte con connotaciones negativas, pero sobre todo, es un deporte. Otras disciplinas mejor vistas, más políticamente correctas, tienen conductas más violentas en la práctica y en el aficionado. El boxeo es un deporte agresivo y dramático, sí, pero también es disciplinado, físico, técnico, bello, dinámico, plástico y muy fotogénico. También es un deporte desconocido. Pocos deportistas hay en el mundo que entrenen más duro y más horas que un boxeador. Captar toda la carga física y el esfuerzo de los entrenamientos; la liturgia que rodea los preparativos previos al combate; la lucha y la estrategia del enfrentamiento; la adrenalina latente en el ambiente; el triunfo y la gloria, la derrota y el fracaso; el rostro de concentración previo, el de liberación al final; la voluntad de levantar el ánimo en espera de la siguiente oportunidad… Todo esto, con todas sus connotaciones deportivas y humanas, hace del boxeo, para mí, algo apasionante y muy atrayente, personal y fotográficamente.
Es importante señalar que hay que diferenciar el boxeo profesional del boxeo aficionado. Un boxeador profesional vive por y para la competición. Su entrenamiento es intensivo y duro. Se ejercita y prepara exclusivamente para el combate, mental y físicamente, y el tipo de preparación depende de la cercanía del enfrentamiento. Esa preparación debe ser progresiva con el propósito de llegar con las mejores condiciones el día de la pelea. Por supuesto, su carrera está dirigida por profesionales: entrenadores, ayudantes, nutricionistas, médicos… Alrededor de las grandes estrellas de este deporte se mueven astronómicas cifras de dinero y son figuras mediáticas en países donde el boxeo se entiende como un espectáculo deportivo de alto nivel. Sin embargo, el boxeo aficionado se realiza como práctica deportiva, por satisfacción personal o para mantenerse en forma. Como máximo, puede significar la preparación para disputar un combate aficionado.
El mundo del boxeo al que he tenido acceso pertenece a esta última categoría. Quiero dejar claro que lo que aquí se manifiesta no constituye ningún dogma o verdad irrefutable. Cada gimnasio tiene su propia forma de preparar a sus deportistas. Yo solo he conocido una realidad, pero hay muchas más. He tenido la gran suerte de poder acercarme a este mundo y poder describir parte de su esencia. El relato comienza aquí:
Cada jornada de entrenamiento dura aproximadamente una hora y media. Se estructura así:
A modo de calentamiento se comienza a realizar algún ejercicio aeróbico, como correr o saltar a la comba. Después se calientan y ejercitan las zonas musculares de cuello, hombros, tobillos, rodillas… y se hacen estiramientos. Una vez realizada esta primera fase, se colocan las vendas en los puños y el bocao para la protección dental.
Se realizan tres asaltos de tres minutos haciendo sombra delante de un espejo y se descansa un minuto. En cada uno se practican diferentes combinaciones y golpes, dependiendo de si el boxeador es diestro o no. El objetivo es trabajar la técnica.
Después se pasa a los aparatos:
El punching es una especie de balón que pende del techo y que queda tenso sujeto al suelo. Se mueve muy rápido al ser golpeado. Su cometido es mejorar la velocidad y los reflejos. Los sacos, de distinto peso, sirven para trabajar la pegada. Estos ejercicios se realizan con guantes o con guantillas, una especie de guantes más ligeros con el dorso cubierto. La pera es un balón más pequeño que va colgado de un soporte a la altura de la cabeza y que rebota al ser golpeado. Sirve para ejercitar los brazos y la coordinación. Se realiza con vendas o con guantillas.
Si el deportista se está preparando para un combate, entrena todos los días, con más intensidad y dureza y acorta el tiempo de recuperación. Realiza entrenamientos más específicos: un repaso con manoplas, en el que golpea a las manos del entrenador y que sirve para practicar esquivas y combinaciones; o hace guantes con otro compañero, que le sirve de sparring. En la preparación profesional se contratan sparrings cuyas condiciones técnicas y físicas se asemejan a las del rival del combate.
Por último, se hacen abdominales, lumbares, flexiones y estiramientos.
En el vestuario se realiza el pesaje de los púgiles en presencia de un juez. Después, un médico les hace un reconocimiento, una exploración de los ojos, oídos, nariz, cejas y pómulos. Comprueba las articulaciones de los nudillos y muñecas para confirmar que no existen lesiones, les efectúa un control cardiológico y les mide la tensión.
Son momentos en los que los contrincantes se analizan mutuamente. Unos cruzan sus miradas, quizás con la intención de intimidar desde antes de que empiece el combate, quizás como pose para evitar mostrar debilidad y marcar el terreno. Otros evitan el contacto visual. El ambiente es un poco tenso por la situación, la espera y la presencia del rival.
Una vez realizados los reconocimientos, los boxeadores se comienzan a vestir en dependencias separadas. Se calzan y se colocan las diferentes protecciones: la coquilla, protección genital y del bajo vientre. También se ponen un bocao de goma para proteger la dentadura.
Reciben la ayuda de los entrenadores, que también se encargan de colocar las vendas en los puños. En el boxeo aficionado las vendas son simples, debido a que los guantes son blandos, protegen bien las manos y no se golpea sobre zonas duras del rival, al llevar éste casco de protección. En los combates profesionales los vendajes son mucho más complejos, a fin de proteger los puños de los golpes. La duración del combate es mayor, se disputan más asaltos, de modo que las manos sufren bastante. Son guantes duros y van atados con cuerdas. Las vendas se van colocando haciendo un recorrido en X sobre las muñecas y alrededor de las manos. El boxeador va abriendo y cerrando la mano conforme la venda va rodeando el puño, para garantizar la circulación de la sangre y la colocación correcta de la protección. Después se forran los puños con esparadrapo. En combates profesionales de alto nivel un responsable de la organización que ha asistido a este proceso firma sobre los vendajes, a modo de precinto de garantía. Después se colocan los guantes en presencia de un juez. Los cordados se forran con esparadrapo, para evitar que queden al aire y puedan dañar al oponente.
Mientras se colocan las vendas los entrenadores van dando indicaciones de cara al combate: no quiero que salgas a pelear, sino a boxear, quiero que lo hagas bonito… las manos arriba, mantén la distancia, baila y no lances golpes sin sentido…El púgil escucha con atención. Su rostro es tenso por la situación. Muestra concentración, respeto y preocupación. En breves instantes se enfrentará a su rival.
Otra protección es la vaselina. El asistente la va aplicando en el rostro, cuello, hombros, pecho, brazos… en las cejas se aplica a contrapelo para que penetre bien. Sirve para que los golpes resbalen. En el boxeo aficionado teóricamente no está permitida, pero existe un acuerdo tácito entre las partes que permite su uso. De todos modos, se procura extender bien y evitar que se vea demasiado. En el profesional se aplica en mayor cantidad.
El casco es obligatorio en el boxeo aficionado. La filosofía de esta categoría se basa en la protección del boxeador y buscar la victoria por medio de los puntos fundamentalmente, aunque si la victoria llega por KO, mejor.
Los boxeadores aficionados llevan camiseta. Este hecho puede derivar de una historia con una base romántica. Se cuenta que un británico de familia acomodada paseaba por un muelle y decidió boxear con un estibador que allí trabajaba. El noble se desprendió de la ropa y se quedó en camiseta de tirantes (de uso habitual entre la clase pudiente de la época) mientras que su rival, de origen mucho más humilde, peleó con el torso desnudo. El rico ganó la pelea y en reconocimiento de lo bien que había competido su oponente, le dio la bolsa con el dinero que se habían jugado. El uso de la camiseta en el boxeo aficionado bien podría venir de esta historia, ya que sus practicantes no pelean por dinero.
Una vez pertrechados, los púgiles realizan un calentamiento muy intenso con el tiempo calculado para subir al ringen el momento culminante.
Una vez sobre el cuadrilátero, el juez comprueba los guantes y las protecciones de los contendientes. Les une en el centro y les da instrucciones: quiero una pelea limpia, nada de golpes por debajo de la cintura… El combate discurre bajo su atenta mirada.
Si el combate es aficionado, el árbitro procura ser estricto en cuanto a que los golpes sean ortodoxos en ejecución y tiende a proteger a los deportistas. Mira por su integridad y hace cumplir las normas a rajatabla. Se disputan tres asaltos de tres minutos con uno de descanso. En el mundo profesional el arbitraje es más permisivo en cuanto a las normas y se permite más contacto y más castigo. La duración es pactada entre las partes, pudiéndose disputar a 6, 8 o 10 asaltos. Los títulos continentales y mundiales se pactan a 12.
Existe una categoría llamada neo-profesional, a medio camino entre el boxeo aficionado y el profesional. Solo se diferencia de este en que se disputa a 4 asaltos. Además de la diferencia del vendaje y de los guantes con respecto al aficionado, no llevan camiseta ni casco de protección. Para pasar al profesionalismo hay que tener un número mínimo de peleas disputadas y ganadas.
En cada esquina, se encuentran el entrenador y un segundo, que coloca la silla en el descanso, quita el bocao y suministra agua al boxeador. También va cantando el tiempo que resta de cada asalto para tener informado al entrenador. En el mundo profesional existe la figura del cutman que restaña las heridas y cortes. En teoría no se pueden dar indicaciones al boxeador durante el asalto, aunque se permite dar ánimo. La esquina observa con atención las evoluciones y, en el descanso, corrige los defectos de su pupilo e incide en las debilidades del contrincante. Este es un pequeño oasis donde reponer fuerzas. A 10 segundos de comenzar el asalto el boxeador debe quedarse solo. La conocida frase de los jueces, segundos fuera, viene de la obligación que tienen todos los asistentes de abandonar la esquina.
El combate es duro, no solo por los golpes, sino por el desgaste físico que sufren los deportistas en los movimientos y los contactos cuerpo a cuerpo. Los golpes fallidos también desgastan. La estrategia es fundamental, un ataque erróneo o una mala defensa pueden acabar con uno de los dos en la lona. Derrotado sobre ella, la soledad del púgil se hace más evidente. El boxeo es un deporte individual.
Si se produce un derribo, el árbitro hace la cuenta de protección de 1 a 10. Limpia los guantes del púgil, que pueden estar sucios por el contacto con la lona en la caída. De este modo puede evitar posibles suciedades en los ojos del rival al golpear. Le hace preguntas, le pide que levante las manos y le llama para que avance, para saber si coordina bien antes de reanudar el asalto. Si en un asalto determinado un boxeador cae tres veces, el árbitro para la pelea dando la victoria a su oponente. Lo mismo ocurre si cae 4 veces en un combate, aunque esto puede pactarse previamente por las partes. La campana puede salvar al boxeador, si es derribado en los 10 últimos segundos del asalto, debido a la cuenta de protección. Normalmente esto es válido excepto en el último asalto. Si la pelea se decide por puntos los jueces puntúan de este modo: 10 puntos para el ganador del asalto y 9 para el perdedor. Si uno derriba al contrario, la puntuación sería de 10 a 8 y si son dos veces, de 10 a 7. En ocasiones, el árbitro puede hacer de juez.
Una vez concluido el combate, los jueces cuentan sus puntuaciones, mientras que en cada esquina los púgiles aguardan. El árbitro une a ambos en el centro del cuadrilátero, coge sus puños y levanta la mano del ganador mientras grita el veredicto. Si el combate es nulo (traducción poco afortunada del inglés, se debería llamar empatado), levanta los de los dos. El ganador es felicitado amistosamente por el perdedor. Son momentos de gloria y alegría, de tristeza y de camaradería, y sobre todo de deportividad.
Ya dentro del vestuario se libera la tensión acumulada, explota la alegría en el bando triunfador mientras que en el perdedor los semblantes son más serios. Se felicita al primero y se intenta consolar al segundo. Uno pletórico, exultante. Otro, unas veces cariacontecido, otras orgulloso y casi siempre contrariado, creyéndose ganador e injustamente derrotado. Todos, extenuados por el esfuerzo.
Cuando he tenido la oportunidad de vivir de cerca una velada he podido apreciar que el boxeo es un deporte agresivo pero no violento. Como he dicho al principio, otros deportes mejor vistos generan más violencia. En el boxeo la tensión y la adrenalina se mantienen muy altas, es algo que se palpa en el ambiente. El esfuerzo físico es muy alto. Aquellos que se suben a un ring se ganan el respeto de todos, contrincantes y espectadores y por supuesto, el suyo propio. Se lo han ganado luchando entre esas 16 cuerdas que delimitan el cuadrilátero. También he podido constatar la camaradería y deportividad que existe entre los oponentes y comprobar que se trata de chicos y chicas que practican un DEPORTE que les apasiona tanto como a mí fotografiarlo y describirlo.
16 cuerdas. El noble arte del boxeo from carlosglera on Vimeo.